¿Puede existir algo más dulce que la miel?
Sí, el azúcar, dicen. Sustituto del néctar de los árboles.
Esta misma pregunta la podríamos aplicar a miles de temas, como por ejemplo... la belleza. Lo sé, qué tópico. Pero es que he descubierto algo esta noche, bueno, al menos el método funciona para mi. Consiste simplemente en dirigirte perezosa a tu cuarto, fruncir el ceño mientras te incorporas al escritorio, y abriendo lentamente la pantalla del portátil, suspirar profundamente. A partir de aquí el paraíso existe. Y entonces no importan horarios, ni ruidos, ni exámenes, ni nada. Me he llegado a preguntar: ¿hay algo más placentero que esto? Porque, si lo hay, decidme qué es.
He podido comprobar cómo todas y cada una de las preocupaciones que he ido arrastrando a lo largo del día, se han sumergido en un mar de indiferencia y se han transformado para desembocar en forma de tranquilidad. Ni yo misma me lo creía, pero entendedme, quién se imagina que lo que en un principio iba a suponer el sacrificio de ponerse a estudiar por la noche ha terminado por ser la mejor experiencia nocturna de mi vida.
Simplemente mi obsesión por escuchar música la mayor parte del día ha sido la culpable de que me encuentre escribiendo estas palabras, al fin y al cabo todas fruto de mi dicha.
La situación es la siguiente: sólo he tenido que ponerme los cascos, conectar el CD antiguo de Rod Stewart que compró mi madre, encender la lamparita de luz tenue que ilumina parte de mi habitación (va degradándose hasta mantener un final negro amarillento roto que me encanta) y, ahora llega la clave...
empezar a redactar un trabajo de literatura.
¿He podido sentirme alguna vez más bonita que ahora? La respuesta es clara: No. Nunca.
Y por eso mencionaba anteriormente que el tema de qué hablar iba a ser la belleza. En ese momento, y actualmente, he comprobado que ni maquillajes, ni dietas, ni vestimentas, me habían hecho sentirme tan maravillosamente realizada, bella ni espectacular. Me encontraba en un clímax constante, en el que mis ideas rozaban el aire con la misma fascinación que una super-modelo desfila por la pasarela.Yo, que estaba equipada con mis gafas de culo vaso, el pijama de franela y la diadema para sujetarme el pelo, he machacado todas las inseguridades que he ido cultivando durante mi vida.
No encontraba explicación para esta nueva experiencia, así es que continué con el rollo... escuchando, escribiendo, cambiando la postura, ajustándome el caballete de las gafas... hasta que me he dado cuenta de lo ciega que había estado. Todo lo que había pensado que era hasta ahora era un simple mal entendido. Y entonces te das cuenta de que no valen modelos a seguir, ni ideologías, ni grupos con los que pastar. Lo único que vale es tu esencia, la que mantiene con vida la imaginación, y ésta, me lo ha agradecido esta noche. Me ha hecho gozar como nunca y yo se lo devolveré, a partir de ahora, siendo más yo misma y dejando de preocuparme si algo de mi esencia puede resultar inaceptable para alguien. Porque, me he sentido más bella que nunca cuando, en otra época, ni en mis sueños me habría aceptado. Para mi la belleza se encuentra escuchando Rod Stewart, a la luz del flexo, mientras comparto mis pensamientos y opiniones.