domingo, 12 de enero de 2014

Difuminados.

Estaba mirando mis manos,
jugando con las puntas
de los dedos y mis labios,
de mis dientes y mi pensamiento.
Cuando me di cuenta
de que ya no eran manos infantiles:
los típicos hoyos me eran ausentes.

Esos huecos inocentes,
profundos y despistados,
que se acentúan con los años
en marcas nítidas de hueso y madurez.
Ahora recuerdo cuánto los detestaba,
porque vuelve el sentimiento
con forma de añoro.
Y, que al igual que con esto,
pasa con todo.

Titular en blanco.

¿Y, sabes algo?
Probablemente jamás se te haya pasado por la cabeza, seguro que ni la más mínima de las casualidades una idea tan enrevesada, dulce y melancólica podría haberse enredado entre los cables de tu mente en conexión con los míos. Me refiero a la idea de tu cuerpo, de tu mente y de tus sentidos. A la idea que ha conseguido elevarse en un altar y que altera las partículas del aire en el entorno en el que sea que te encuentres. Al menos eso muestra mi imaginación.
Diríamos que precede un sentimiento sin definición fija. Uno el cual si apareciese en el periódico carecería de titular. Le he bautizado con el nombre de ''amor'' porque lo único claro que hay por el momento es que las ganas de decir ''te quiero'' están directamente proporcionadas a las ganas de huir, bien por miedo a una respuesta desagradablemente inesperada o simplemente pavor al lazo invisible que te uniría a esa persona y que puede manipular hasta fronteras inimaginables.

Y, es que da lo mismo si se trata de un amor de amistad, de uno fraternal, de un amor rápido y olvidadizo o de uno para toda la vida. Simplemente es amor que se desplaza libremente por tu sangre, como un elemento más de cuerpo. Ese amor que maldices cuando te empieza a importar demasiado la dirección de su mirada, la de esa persona tan especial; ése que apenas conocías su existencia hasta que tu padre te abraza; ese que aflora cuando una amiga sufre por alguien que no le merece.
Es tan sencillo como un corazón dibujado en un papel: nadie sabe en quién piensa la persona que traza esas líneas curvadas, ni si es un corazón pintado hace mucho o tiene poco tiempo, ni si quiera sabemos la intensidad de los latidos que daría ese corazón en vida.

Sólo podríamos afirmar que está ahí, atento, fiel, e incluso a veces borroso.

viernes, 3 de enero de 2014

Tú no vas a ser menos.

Habrá noches en las que te sentirás el ser más pequeño de la tierra, por no luchar por aquello que amas, por no creer en lo que realmente existe, por parecer fuerte y creerte que lo eres, para luego darte cuenta de que acabas siempre en la misma acera en el mismo charco en el que esa piedra a la que llamas vida te ha arrojado, esa piedra con la que no paras de tropezar continuamente y que nunca se cansa de hacerte daño. 

Pero ese será tu error, no debes pensar sino actuar, que nadie es más que tú, ni tú eres más que nadie, que la soledad no es estar solo sino mal acompañado, y que si te caes la vida no te levanta, pero te enseñará a hacerlo, y a creer en ti misma tanto como lo hacen los demás.

Olvidarte de todo lo malo del pasado será lo bueno del presente y de tu futuro, un futuro que pasaras con esos amigos que estarán para todo, esa familia que daría la vida por ti o simplemente esas cosas especiales que la gente guarda como oro en paño, y que en algún momento de sus vidas fueron y serán un gran recuerdo.

He de decirte que no todo será bueno, que siempre habrá gente que te querrá ver hundida, pero tú siempre deberás levantar la cabeza y pensar que ellos no guían tu vida, sino que eres tú misma la que lo hace día a día. Tendrás que aprender a ser fuerte ya que hay personas que se irán de tu vida y que es muy probable que no vuelvan.

Me gustaría que supieras que la felicidad no consiste en el que las cosas te salgan bien o mal, sino en que las superes día tras día y no te rindas por nada.

Todo el mundo es especial de una manera u otra.


¿Vas a ser tu menos?

miércoles, 1 de enero de 2014

Extraña adicta.

Cuando veo personas adictas
sufrir el desamor en forma de dientes descuidados,
de tabiques arañados,
de ojos rojos, como la sangre de sus manos
al lanzar ladrillos contra su amado,
al que piden ayuda y alejan de ellos a su vez.
No logro entender, entonces,
qué motiva esa obsesión,
esa dependencia, esa devoción,
y pienso, mientras tomo una onza,
''dulce adicción al chocolate,
ésta de verdad se goza''.

Y claro está que después todo cuadra..
me vuelvo adicta al peor sujeto existente,
al menos recomendado,
al más accesible a los ojos,
y lejano al corazón.
Se convierte en mi blanco perfecto,
al que harta de disparar,
no consigo perfeccionar la técnica
con la que solo escucho
palabras que ofrece superficialmente,
pero no alcanzo los ojos que miran,
pareja de sus pensamientos,
y el deseo por descubrir nace.
Soy una detective prima hermana de
yo, la drogadicta.

Nos hacemos adictos a alguien
con la facilidad que tomamos chocolate,
sin embargo, a la hora de olvidar..
nos transformamos en yonkis sin cura.
Y por mucho que nos lastime,
por muy conscientes que seamos
de que no nos corresponde,
haremos pues, cuanto podamos,
por gustar a sus ojos, a su olfato,
a sus manos..
dejándolos rojos, arañados y desangrados.
Y pienso, mientras tomo una onza,
''dulce adicción al chocolate,
ésta de verdad se goza''.