¿Y, sabes algo?
Probablemente jamás se te haya pasado por la cabeza, seguro que ni la más mínima de las casualidades una idea tan enrevesada, dulce y melancólica podría haberse enredado entre los cables de tu mente en conexión con los míos. Me refiero a la idea de tu cuerpo, de tu mente y de tus sentidos. A la idea que ha conseguido elevarse en un altar y que altera las partículas del aire en el entorno en el que sea que te encuentres. Al menos eso muestra mi imaginación.
Diríamos que precede un sentimiento sin definición fija. Uno el cual si apareciese en el periódico carecería de titular. Le he bautizado con el nombre de ''amor'' porque lo único claro que hay por el momento es que las ganas de decir ''te quiero'' están directamente proporcionadas a las ganas de huir, bien por miedo a una respuesta desagradablemente inesperada o simplemente pavor al lazo invisible que te uniría a esa persona y que puede manipular hasta fronteras inimaginables.
Y, es que da lo mismo si se trata de un amor de amistad, de uno fraternal, de un amor rápido y olvidadizo o de uno para toda la vida. Simplemente es amor que se desplaza libremente por tu sangre, como un elemento más de cuerpo. Ese amor que maldices cuando te empieza a importar demasiado la dirección de su mirada, la de esa persona tan especial; ése que apenas conocías su existencia hasta que tu padre te abraza; ese que aflora cuando una amiga sufre por alguien que no le merece.
Es tan sencillo como un corazón dibujado en un papel: nadie sabe en quién piensa la persona que traza esas líneas curvadas, ni si es un corazón pintado hace mucho o tiene poco tiempo, ni si quiera sabemos la intensidad de los latidos que daría ese corazón en vida.
Sólo podríamos afirmar que está ahí, atento, fiel, e incluso a veces borroso.
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