miércoles, 1 de enero de 2014

Extraña adicta.

Cuando veo personas adictas
sufrir el desamor en forma de dientes descuidados,
de tabiques arañados,
de ojos rojos, como la sangre de sus manos
al lanzar ladrillos contra su amado,
al que piden ayuda y alejan de ellos a su vez.
No logro entender, entonces,
qué motiva esa obsesión,
esa dependencia, esa devoción,
y pienso, mientras tomo una onza,
''dulce adicción al chocolate,
ésta de verdad se goza''.

Y claro está que después todo cuadra..
me vuelvo adicta al peor sujeto existente,
al menos recomendado,
al más accesible a los ojos,
y lejano al corazón.
Se convierte en mi blanco perfecto,
al que harta de disparar,
no consigo perfeccionar la técnica
con la que solo escucho
palabras que ofrece superficialmente,
pero no alcanzo los ojos que miran,
pareja de sus pensamientos,
y el deseo por descubrir nace.
Soy una detective prima hermana de
yo, la drogadicta.

Nos hacemos adictos a alguien
con la facilidad que tomamos chocolate,
sin embargo, a la hora de olvidar..
nos transformamos en yonkis sin cura.
Y por mucho que nos lastime,
por muy conscientes que seamos
de que no nos corresponde,
haremos pues, cuanto podamos,
por gustar a sus ojos, a su olfato,
a sus manos..
dejándolos rojos, arañados y desangrados.
Y pienso, mientras tomo una onza,
''dulce adicción al chocolate,
ésta de verdad se goza''.




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