martes, 12 de noviembre de 2013

Tristeza inevitable...

No quiero empezar otra vez,
un más, como siempre,
a reprimir la terminada vejez
que me haces sentir con escucharte.

Cuando solo deseo que dejes de mirarme,
porque no es lo que tengo
lo que te complace.
Que sueltas las palabras en desorden,
sin medida de dolor que puedan hacer,
y mi corazón se detiene,
mi estómago se oprime,
una angustia no me deja querer..
querer a mi persona.

Y me encuentro en casa sola,
aunque tus ojos se claven en los míos,
aunque hagas índice de tu presencia
diciendo perdón amor mío.
De soledad en mi hogar
a soledad en mi guarida,
no encuentro diferencia,
en ambas me hallo abatida,
y no cabe pensar en los demás temas
que aguarda la vida.

Porque no es vida no mirarme
sin escupir el reflejo que me mata,
no es fácil seguir adelante
con este peso de impotencia,
y no es digno a ti disgustarte,
sin que de nuevo, yo,
sea la que pierde.

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